El escudo

Como suele saberse, es común que los grupos o asociaciones adopten símbolos a efecto de su identificación y representación ante los otros. Tal es el papel del escudo adoptado por las diferentes Hermandades o Cofradías. De otra parte, los elementos materiales y por tanto sensibles que componen su parte simbolizante pueden variar en función de circunstancias sobrevenidas a causa del denominado signo de los tiempos.

En cuanto al escudo de nuestra Hermandad diremos que tiene su origen en la primitiva Regla, aprobada el día 7 de diciembre del año 1.575, según decreto del Cardenal Arzobispo Cristóbal de Rojas y Sandoval, por el que quedó canónicamente erigida. Dicha Regla, en su Capítulo Sexto, que se titula literalmente “De cómo hemos de juntarnos el Viernes Santo a las doce del día, y de qué manera han de ir los hermanos, y de lo que han de llevar en la procesión”, determina que los nazarenos han de hacer la estación de penitencia “con túnicas y capirotes romos puestos y sus hacheros en las manos, y sus escudos de la Expiración de Jesucristo puestos en el lado del corazón”.

Las túnicas y antifaces debieron ser de color negro, circunstancia que queda recogida en el Capítulo Octavo como obligación al menos para los hermanos que, previamente nombrados, deberían acompañar a las Sagradas Imágenes, Cruz y Estandarte. En cuanto al escudo, estuvo compuesto por un Calvario, es decir las tres Cruces diseñadas con simplicidad, esquemáticamente y sin otro aditamento. Dicho escudo, que se mantuvo hasta el siglo XIX, con solo una pequeña variante a la que aludiremos seguidamente, puede todavía distinguirse y observarse hoy día, ya que figura como motivo de decoración en cada una de las intersecciones de los casetones que integran el artesonado de nuestra Capilla.

Más tarde, en los años declínales del siglo XVII, concretamente en la copia hecha para traducir al español el acuerdo - escrito en latín – de agregación de nuestra Hermandad a la del Milagroso Santísimo Crucifijo de San Marcelo, en Roma, privilegio que fue concedido el día 12 de diciembre de 1.684, en un a modo de portada de dicho documento aparece dibujado el Calvario del primitivo escudo con una orla en la que se añade el de la Orden de la Merced. Se trata, pues, de la primera modificación que conocemos documentalmente.

Y con dicho formato debió mantenerse hasta que, en el siglo XIX, un importante acontecimiento condujo a una significativa alteración del escudo. Me refiero a la concesión del título de Real a la Hermandad, que fue sin duda la consecuencia de una insistente petición por parte de la Junta de Gobierno, en la que medió el buen oficio de un tal D. Miguel Luque y Roldan, que se tenía por Apoderado del Señor Conde Superintendente de Palacio y Agente de Negocios en la villa y corte, al cual, nuestro hermano D. Felipe de Quinta, que fue en vida destacado componente de la Junta de Gobierno que reorganizó la Cofradía en 1.825, le abonó en mano la cantidad de seiscientos cuarenta reales por haber gestionado con éxito dicha gracia.

En tal sentido, se comunicó a la Hermandad mediante oficio de la Mayordomía Mayor de Palacio, que signa un tal D. Francisco Blasco y se dirige al entonces Hermano Mayor, D. Juan Nepomuceno Fernández de Roces, que S.M. el Rey Fernando VII aceptaba el cargo de Hermano Mayor perpetuo, lo cual conllevaba el uso del título de Real por pare de la Hermandad. El referido escrito está fechado el día 19 de junio de 1.827.

Dicho privilegio obligó al diseño de un nuevo escudo que, gráficamente, puede verse impreso en un opúsculo editado por la Hermandad con motivo de la convocatoria de una rogativa pública acordada para interceder ante nuestros Sagrados Titulares por la salud de la Reina Maria Josefa Amalia, esposa de Fernando VII, que venía padeciendo una grave enfermedad. A este nuevo escudo, presidido por el tradicional Calvario, se añaden las armas de la Casa Real con el Toisson de Oro. El culto antedicho se celebró el día 17 de mayo de 1.829. No obstante, tenemos noticia de que a partir de la real concesión en 1.827, los nazarenos debieron lucir el nuevo escudo Fernando VII, que venía padeciendo una grave enfermedad. A este nuevo escudo, presidido por el tradicional Calvario, se añaden las armas de la Casa Real con el Toisson de Oro. El culto antedicho se celebró el día 17 de mayo de 1.829. No obstante, tenemos noticia de que a partir de la real concesión en 1.827, los nazarenos debieron lucir el nuevo escudo bordado sobre el antifaz, y que su coste era de cuatro reales.

De poco debió servir la rogativa pública por la salud de la reina, pues el día 5 de julio de 1.829, en la Iglesia del Convento de la Merced, la Hermandad celebró un solemne funeral por el alma de la regia señora. Con tal motivo, se editó la oración fúnebre pronunciada durante el mismo en un cuidado opúsculo que se imprimió en la Imprenta de Hidalgo y Compañía de Sevilla, en el que se muestra un extraordinario grabado de dicho escudo que, con insignificantes variaciones, aún conserva vigente la Hermandad. La grabación se debe a J. M. Bonifaz, según magnífico dibujo de M. Rodríguez. En él se incluyó, además del Calvario, el Escudo Real, el de la Orden de la Merced, y el que simboliza nuestra adscripción a la Orden de San Juan de Jerusalén.