Domingo 29º del Tiempo Ordinario

EVANGELIO según San Mateo 22, 15-21

Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Así que enviaron a sus discípulos, junto a los herodianos, a decirle: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza, y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece: ¿es lícito pagar tributo al César o no?’. Mas Jesús, adivinando su malicia, dijo: “”Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo””. Ellos le presentaron un denario. Él les preguntó: “”¿De quién son esta imagen y la inscripción?””. Respondieron: ‘Del César’. Entonces les dijo: “”Pues lo del César devolvérselo al César, y lo de Dios, a Dios””.

Palabra del Señor 

REFLEXIÓN:

La vida es una prueba. Una prueba para el alma de cada uno. El alma puede quedar dominada por lo mundano (el dinero, el poder, la vanidad, la soberbia, el aparentar, las esclavitudes del cuerpo, el odio, el rencor, etcétera) o podemos intentar que quede en la limpia esfera del Espíritu. Alma dominada por el mundo es sinónimo de perdición. Alma unida al Espíritu de Dios es salvación. Y Cristo-Jesús es el Camino. Porque es el Camino, la Verdad, y la Vida. Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios exige una gran capacidad (don) de descernimiento. Porque no son pocos los que se confunden de terreno, y actúan en el ámbito de Dios como si estuvieran en el del César. Grave error. Es ahí donde está el problema del actuar cristiano: en saber actuar en cada ámbito (en el de la vida profesional, civil, social, etc. y el ámbito de bondad propio de lo divino), pero sabiendo que UNA persona de Dios no puede desdoblarse en DOS personas actuando como tales según en terreno se crea estar (el mundano o el divino). Porque siempre hemos de ser UNO, actuando según lo que se tenga enfrente, pero siendo siempre UNO. Aún ante las cosas del César hemos de ejercer como UNA persona cristiana. Nuestro Señor nos regala su palabra de bondad y alerta sobre el peligro de tener como DOBLE personalidad, o doblez, o como doble función: “Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado” (Lc 11, 17). Ser cristiano exige ejercer de cristiano en TODO momento y ante todo ámbito. Porque la dignidad humana no se puede comprar. Ni se puede escindir. Ese actuar cristiano en todo ámbito exige la coherencia de ser UNO. Coherencia personal, y valentía también. Y ese “ser cristiano” se ha de plasmar en las cosas de la vida (en todas) con acierto sobre el cómo actuar. Y el acierto no lo trae la casualidad. Ni la astucia. Ni las maquinaciones mentales. El Acierto lo trae el Espíritu de la Sabiduría. Es un don de Dios. Una Gracia. Solo un corazón limpio cargado de Fe puede aspirar a ser coronado por la Sabiduría. Porque esa Sabiduría no es erudición de haber estudiado carreras o haber leído mucho o tener muchos títulos (mundanos). Para nada! Hay personas que no han estudiado ninguna carrera ni nada de nada y sin embargo están “tocadas” por la Sabiduría de Dios. El Rey Salomón reflejaba ese don de Dios en las Sagradas Escrituras, en el Libro de la Sabiduría (precisamente) donde nos revela que “la Sabiduría es un Espíritu. Es comunicación de Dios, resplandor de la Luz eterna, espejo inmaculado de la actividad divina e imagen de la bondad de Dios. El principio de la Sabiduría es el deseo de ser instruido por ella. Querer instruirse es amarla, amarla es guardar sus leyes, guardar sus leyes es asegurarse la incorrupción, y la incorrupción nos acerca a Dios. El deseo de la Sabiduría nos eleva al reino.””

«El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.» (Lc 11, 23)

22 de Octubre del año de Gracia de 2017 Antonio Martín Lupión. Diputado de Formación. Hermandad del Museo