Domingo 5º de Pascua

EVANGELIO según San Juan 14, 1-12

“”No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y ya sabéis el camino adonde y voy””. Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino? Respondió Jesús: “”Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto””. Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Respondió Jesús: “”¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo que el que crea en mí hará también las obras que hago yo, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre””.

Palabra del Señor 

REFLEXIÓN:

Sobre todo en Siglos como el XIV y XV la cristiandad escribía los años de las fechas con la expresión “en el Año de Gracia de…”. El Pueblo de Dios inserto en el Antiguo Testamento clamaba por la llegada del Salvador, del Mesías. Y en puro acto de Amor a los hombres el Creador nos dio a su Hijo, inmolado como víctima sacrificial para la salvación de nuestra alma: la de cada uno. Aquel Pueblo de Dios no ha querido ver que Jesús de Nazaret es el Elegido, el Ungido de Dios, Su único Hijo, el Mesías. Aquel Pueblo, y tantas personas incontables hoy día… Pero Jesús es la respuesta de Dios. ¡Y qué suerte hemos tenido cada uno de nosotros de nacer tras la llegada del Mesías! Por eso vivimos en tiempo de Gracia. Cada minuto, cada día, cada mes, cada año es de Gracia, pues tenemos la dicha que haber venido al mundo tras aquel alumbramiento de Belén que trajo Luz al mundo (al espíritu de cada cual) desterrando las tinieblas (las de cada cual). Y aquel Pueblo de Dios inserto en el Antiguo Testamento no creía en la posibilidad de conocer al Padre, al Creador, a Dios. Y el Redentor nos mostró que Él es el Camino, la Verdad y la Vida que conduce al Padre, pues creer en Jesús Resucitado es tener acceso al Padre. Es la Fe la que posibilita esta salvación del alma propia limpiada por un espíritu alumbrado por el Espíritu Santo. Pura Gracia. Puro don. Y la Fe la genera la oración limpia. Esa oración la oye Dios. Seguro. Las Sagradas Escrituras atestiguan que Dios no escucha la oración de un corazón que alberga iniquidad. Tampoco el interés. Ni el egoísmo. Ni el fondo de odio. Ni el desprecio al prójimo. Por eso Jesús Resucitado dice que ‘bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios’. La oración de un corazón limpio, quebrantado y humillado la escucha Dios porque la escucha el Hijo, Cristo-Jesús. “La oración hecha con Fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante”. “La oración ferviente del justo tiene mucho poder” (St 5, 16). El Nuevo Testamento está plagado del poder de la Fe que llega con el poder de la oración de un corazón limpio que cree en Jesús Viviente. El Camino lo tenemos en el Evangelio. Somos verdaderamente afortunados por haber venido al mundo tras la llegada del Mesías, el Redentor, el Dios Viviente que vence al mundo. Por ello, ¡qué pena sería no acudir permanentemente al Evangelio para santificar la propia vida…!

«Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene.» (Mt 13, 12)

14 de Mayo del año de Gracia de 2017 Antonio Martín Lupión. Diputado de Formación. Hermandad del Museo