Domingo 4º de Pascua

EVANGELIO según San Juan 10, 1-10

“”En verdad, en verdad os digo que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ese es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el portero, y las ovejas atienden a su voz; luego las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado a todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. En cambio, no seguirían a un extraño; huirían de él, pues las ovejas no reconocen la voz de los extraños””. Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: “”En verdad, en verdad os digo que yo soy la puerta de las ovejas. Cuantos han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará salvo; entrará y saldrá, y encontrará pasto. El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tenga vida y la tenga en abundancia””.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN:

Cuando se acude al Hijo de Dios por interés personal y no por pura y humilde Adoración, supongo que será imposible absolutamente escuchar y reconocer la voz del Redentor. Cuando el “ser cristiano” se remite a acudir a unos periódicos actos, cultos o reuniones o declaraciones que forman parte de una mera inercia social; cuando el “ser cristiano” se convierte en una simple “pose social”, entonces resultará radicalmente imposible escuchar y reconocer la voz de Jesús Resucitado en el espíritu de cada uno. Ser cristiano es un compromiso de Fe y de Adoración personal al Hijo de Dios, siguiendo Su Camino, Su Verdad, y Su Vida inmersa en su Palabra, y es ahí cuando el alma se postra ante Dios llevada por el espíritu de cada uno que es guiado por el Espíritu Santo, el soplo de Dios, la intuición de Dios, la mano de Dios guiando cada uno de nuestros pasos. En la Fe y en la Adoración a Dios, por medio de su Hijo, que brotan de un corazón sincero (y no de un interés) que no finge; y en la valentía de hacer de la propia vida un ejercicio consagrado a ‘ser cristiano’ por encima (con espíritu elevado) de los convencionalismos huecos y de las poses sociales, es donde la Palabra nos asegura que nos ‘hacemos’ de Jesús. Ese ‘hacerse de Jesús’ es incorporarlo a los planos más trascendentes del existir de cada uno, pero también incorporarlo hasta al más mínimo detalle del día a día. Al ‘hacerse de Jesús’ la Palabra nos garantiza que escucharemos y ‘reconoceremos’ Su voz (Su voz real) en nuestra conciencia. En lo más profundo de la conciencia, emanando así hasta una compostura valiente ante la vida guiando cada uno de nuestros pasos con la Fuerza invencible de saberse seguidor real y efectivo del que venció al mundo, al error, al pecado, a la maledicencia, a la doblez, a la traición, a la impiedad, a la perversión, a la muerte. Porque Él nos conoce. A cada uno. Y ante los superiores planos del espíritu no caben engaños, ficciones, fingimientos ni poses, ya fueran personales o con ocasión del hecho social.

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» (Mt 5, 8)

7 de Mayo de 2017 Antonio Martín Lupión. Diputado de Formación. Hermandad del Museo