Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

EVANGELIO según San Mateo 26, 14-27

Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Qué me daréis si os lo entrego?” Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarlo. El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?” Él respondió: “”Id a la ciudad, donde fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos’””. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: “”Os aseguro que uno de vosotros me entregará”””. Muy entristecidos se pusieron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?”. Él respondió: “”El que ha metido conmigo la mano en el plato, ese me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!””. Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: “¿Soy yo acaso, Rabbí?”. Le respondió: “”Tú lo has dicho””. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y dándoselo a sus discípulos dijo: “”Tomad, comed, este es mi cuerpo””. Tomó luego una copa y, después de dar las gracias, se la pasó diciendo: “”Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre de la Alianza que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre””. 

Palabra del Señor

REFLEXIÓN:

Comienza la Semana Santa, comienza una nueva oportunidad para meditar y reflexionar profundamente el sentido de la Vida que anida en la Pasión, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios, Jesús de Nazaret. Meditación y reflexión sobre el Evangelio, ante su Palabra de Vida, y no reflexión sobre cómo se aplica en nuestro entorno, pues el hecho social termina descargando (y no pocas veces desvirtuando por completo) la comprensión del sentido salvífico de la Palabra de Dios. Y es que las instituciones (las organizaciones) están para servir a la Palabra de Dios, pero no son la Palabra en sí mismas. El ámbito cofrade está para servir a la Palabra de Dios entre los que nos rodean. El ciclo litúrgico nos lleva este año en Domingo de Ramos a la traición de Judas Iscariote con la narración de San Mateo. En cada uno de nosotros vive la esencia divina de Dios, porque así lo quiso el Creador. Cada vez que se nos traiciona a cualquiera, nos crucifican como al Señor. Cada vez que la doblez y el engaño actúa, volvemos a crucificar al Hijo del hombre. Cada vez que la trama se alía con la astucia contra otro, vuelve Judas el Iscariote a emplear la sagacidad del mal. Cada vez que alguien se da “golpes de pecho” (en pose ritual) pero sin parar de darlos (golpes) al prójimo, sigue traicionando la pureza de la divina fraternidad que trae Jesús con su limpio Corazón. El Evangelio no es una bonita historia ni un relato tradicional. El Evangelio es VIDA, y como Vida que es se aplica y se refiere a la vida: a la de cada cual, a la vida de cada uno, a la vida cotidiana. La traición aprovecha la espalda. ¿Cuántas veces basta que alguien se dé la vuelta para pasar a ser duramente criticado (traicionado) con hipocresía por el mismo que a la cara lo había tratado incluso con cordialidad y aparente respeto? La falsedad y la hipocresía es tan abundante en el hecho social cotidiano que esa constatación debería zarandearnos a reflexionar que no es ese el Reino de Dios por el que dio su Vida el Salvador del Mundo, pues el camino para ese Reino es el perdón, la caridad, la misericordia, el amor, el respeto al prójimo, el examen de conciencia, el no creerse en posesión de la verdad de las cosas, el no verse como el damnificado por cada situación, el no sentirse en necesidad de devolver ningún golpe (que tal vez solo haya sucedido en la propia imaginación, o en un simple malentendido). La Semana Santa nos colma de satisfacción a los cristianos porque sabemos que la Pasión es la condición de necesidad de la Salvación eterna, pues Cristo-Jesús demostró esa Verdad de Dios. Pero la Semana Santa para los cofrades debe ser lo mismo, pues ser cofrade y ser cristiano no debería mas que ser idéntico.

«Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos, a mí me lo hicisteis.» (Mt 25, 40)

9 de Abril de 2017 Antonio Martín Lupión. Diputado de Formación. Hermandad del Museo