Iglesia perseguida

Hoy día 9 de abril, a las 20.30, tendrá lugar en nuestra Capilla una Eucaristía ofrecida por las intenciones y el trabajo de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada. Al término de la misma, se fundirá un cirio en la candelería de María Santísima de las Aguas en favor de los cristianos perseguidos en todo el mundo por motivos de su Fe, que lucirá  encendido en el palio durante el próximo Lunes Santo.

Para más información sobre el trabajo de esta Fundación y para colaborar con ellos:

https://www.ayudaalaiglesianecesitada.org/

ORACIONES Y MEDITACIONES ANTE NUESTRAS SAGRADAS IMÁGENES EN BESAPIÉS Y BESAMANOS

Nuestras imágenes se acercan a nosotros en los días del Besapiés y Besamanos. Son días de oración cercana, de preparación a la Semana Santa y a la celebración de la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor. En este acto, la humanidad de la Expiración de Cristo y su Madre de las Aguas se hace aún más señalada, pisando el mismo suelo que nosotros y mirándonos a los ojos, con la cercanía de un padre y una madre.

Con este sentido, la Hermandad ha preparado una serie de actos de oración para estos días:

El sábado 6 de abril a las 11.00 h, los niños más pequeños de nuestra Hermandad se reunirán ante nuestros Amantísimos Titulares en oración. Será el momento de presentar sus peticiones, oraciones y ofrendas. A la finalización de la oración, los niños compartirán un desayuno en la Casa Hermandad.

El mismo sábado 6 de abril, a las 14.00 h, serán los jóvenes de la Hermandad los que se reúnan  frente a nuestros Amantísimos Titulares, y realicen una meditación  en torno a sus alegrías, preocupaciones y anhelos. A su finalización, tendrá lugar un almuerzo de convivencia en nuestra Casa Hermandad.

La noche del sábado 6 de abril, a las 21.15 h, se celebrará el Turno de Adoración Nocturna de nuestra Hermandad. Será una vigilia especial, con el Santísimo Sacramento expuesto a nuestra Adoración frente a nuestros Titulares, y abierta como siempre a todos los Hermanos, que concluirá sobre las 23.15 h.

A la finalización del segundo día, Domingo de Pasión 7 de abril a las 20,30 h. celebraremos el piadoso  VIACRUCIS.

Reparto de Papeletas de Sitio fuera de plazo

Por acuerdo de Junta de Gobierno, se fija el martes día 2 de abril, en horario de 20:30h a 22:00h, para que todos aquellos hermanos que no hayan sacado o retirado su papeleta de sitio en las fechas estipuladas, puedan hacerlo. Así mismo se emplaza a todos los hermanos residentes fuera de Sevilla que hayan reservado su correspondiente papeleta de sitio, a que la retiren el próximo Lunes Santo en horario de 10:00 a 12:00. En este mismo día y horario, se expenderán las papeletas de aquellos hermanos que no las hubieran solicitado en plazo, tal como indica la ordenanza 38 de las nuestras.

ORDENANZA 37ª.- La Junta de Gobierno fijará los días y horas para el reparto de papeletas de sitio. Durante los días del reparto de papeletas de sitio se extenderán también las de aquellos hermanos que las hayan solicitado por los medios establecidos por la Junta de Gobierno, y les sea imposible acudir en dichas fechas a retirarlas por residir fuera de Sevilla.

ORDENANZA 38ª.- Si se extendiera alguna papeleta de sitio fuera del supuesto anterior, será en el día y hora determinado por la Junta de Gobierno, con una penalización económica fijada igualmente por ésta, y expresamente sin derecho a figurar en la lista de la Cofradía. A tal fin, aquéllos que deseen acompañar al Santísimo Cristo lo harán en el primer tramo los hermanos de luz y en el primero de penitentes los hermanos de cruz, y en el segundo tramo aquéllos que lo hagan acompañando a la Santísima Virgen.

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO CUARESMA 2019

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

 Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.

Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.

Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.

El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1).

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).

Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.

Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Francisco, Papa

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